Contigo, mi corazón entendió el significado de ser feliz. Éramos más que amigos, fuimos hermanos, el último refugio de dos almas que se reconocían con solo una mirada. Nuestros corazones latían al unísono, en un mundo que yo, ingenuamente, creí inagotable. Pero ahora, esos días son solo escombros, un eco lejano que se quiebra en mi pecho. Desapareciste, arrancando la mitad de mi ser, mataste mi felicidad, y este dolor es un vacío que me ahoga en la desesperación. Cada segundo sin ti es la prueba de mi desdicha, un abismo congelado donde la risa solía danzar. ¿Cómo se vive cuando tu fuente de vida se ha secado? Éramos felices, pero ahora solo queda la espera de un adiós que nunca llegó. Mi ser suplica oírte, mendiga sentir tu voz, ver esa sonrisa que era mi mundo, pero esta cruel realidad me asfixia. Nunca volverás. ¿Por qué? Si tan solo mi ceguera me hubiera permitido verlo, te habría abrazado muy fuerte, te habría escuchado con el alma, te daría todo lo que soy. Ahora, solo queda una lápida fría, el testamento amargo de lo que perdí, donde mis lágrimas caen sin consuelo, solo quedan recuerdos que me encadenan y me destrozan, y un grito ahogado en mi pecho. Qué cruel fue tu partida, te fuiste sin despedirte, y cada noche lloro mi propia ruina, suplicando despertar y escuchar tu voz llamándome, en este mundo que es ahora solo una ruina silenciosa.
No comments at this point, please be the first to comment on this post.