Me desperté a las tres sin razón, con ganas de romperme el corazón, de cortar el ruido que vive en mí, de hacer que el vacío se aleje de aquí. Para no hacerlo me puse a mover, a castigar el cuerpo para no caer, ejercicio duro, sin descansar, hasta que el alma empezó a pesar. A las cuatro el cuerpo dijo “basta ya”, no se me fueron las ganas, seguían acá, pero el sueño, pesado, me vino a buscar y me acosté sin poderlo calmar. Vanessa me habla de técnica otra vez, de esperar la sesión, de lo que después, y yo la entiendo, de verdad que sí, pero hoy lo que falta no es “qué hacer”, es “aquí”. No quiero instrucciones, no quiero esperar, no quiero otro método para aguantar, solo alguien que quede sin intentar arreglar, que se quede conmigo cuando me quiero cortar.
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