Tu mirada fue abrigo en un año tan frío, cuando yo caminaba rota y hecha un lío. Tal vez nunca supiste lo importante que fuiste, cómo en días oscuros un poco me salvaste y me viste. Había algo en tu forma de hablarme tranquila, que hacía menos pesado todo lo que dolía. Y yo, sin darme cuenta, te fui queriendo así, como se quiere a alguien que trae calma al existir. Después vino el silencio, tan seco, tan de golpe, sin un adiós claro ni palabras que lo nombren. Y sí, me dolió fuerte, sería mentira negarlo, porque hay personas que dejan huellas aunque intentemos callarlo. Pero el tiempo acomoda lo que no pude entender, y hoy creo que alejarnos fue lo mejor tal vez. Porque el vínculo crecía más de lo que debía, y yo estaba dejando demasiado en lo que sentía. No te guardo rencores, ni preguntas sin final, solo un cariño triste difícil de explicar. Y aunque todo haya acabado sin volvernos a encontrar, prefiero recordarte desde el cariño y la paz. Porque hay personas que pasan solo para iluminar, y aunque después se vayan, algo en nosotras dejan igual.